El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, ha consolidado su liderazgo dentro del Partido Justicialista bonaerense, un movimiento que sus allegados interpretan como un paso fundamental en la proyección de su figura a nivel nacional. Tras un acuerdo interno que evitó una contienda electoral, Kicillof asumió la presidencia del partido, lo que le permitiría enfocar sus esfuerzos en la construcción de una alternativa política de cara a futuros comicios presidenciales.

La reconfiguración de la cúpula partidaria incluyó la designación de Verónica Magario como vicepresidenta primera y Federico Otermín como vicepresidente segundo, mientras que Mariano Cascallares ocupará la secretaría general. Máximo Kirchner, por su parte, mantuvo la presidencia del Congreso partidario, y Leonardo Nardini fue nombrado al frente de la Junta Electoral. Un funcionario provincial cercano al gobernador expresó que con esta resolución, Kicillof «termina de ordenar la provincia y cierra una etapa para dedicarse plenamente a la construcción nacional», destacando la importancia de haber evitado una interna que podría haber debilitado al peronismo.

Con la estructura partidaria provincial definida, el enfoque del mandatario bonaerense se orientará ahora a fortalecer lazos con un grupo de gobernadores que mantienen una postura crítica frente a las políticas del actual gobierno nacional. Entre estos líderes provinciales se encuentran Ricardo Quintela de La Rioja, Sergio Ziliotto de La Pampa, Gildo Insfrán de Formosa, Gustavo Melella de Tierra del Fuego y Gerardo Zamora de Santiago del Estero. Este bloque se distingue de otros mandatarios peronistas que han mostrado mayor apertura al diálogo con la Casa Rosada. En este contexto, Kicillof tiene prevista su participación en la movilización convocada por la CGT en el Congreso, donde se espera que impulse el rechazo a los aspectos más cuestionados de la reforma laboral.

Un integrante de su gabinete señaló que «es momento de consolidar los espacios de representación en las provincias, y también con los intendentes», delineando la estrategia de expansión. A pesar de las tensiones previas con otros sectores del peronismo, la resolución de la sucesión en el PJ bonaerense, junto con acuerdos anteriores sobre listas y presupuestos, demuestra una capacidad de negociación. Un referente del kirchnerismo reconoció que «Axel tenía que quedar al frente del partido sin una interna que iba a ser un zafarrancho», sugiriendo que el consenso fue clave para evitar conflictos mayores, aunque aún persisten disputas a nivel municipal para definir autoridades locales.