La política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela parece haber desplegado una estrategia de doble vía, con gestos públicos de apoyo a la oposición que contrastan con contactos discretos de alto nivel con el gobierno en Caracas. Reportes periodísticos recientes han puesto de manifiesto esta dualidad, revelando que, mientras el expresidente Donald Trump se reunía con la líder opositora María Corina Machado en Washington, el director de la CIA, John Ratcliffe, habría sostenido un encuentro con Delcy Rodríguez en la capital venezolana.
La reunión de Ratcliffe en Caracas, según informó The New York Times citando a un funcionario estadounidense, se habría llevado a cabo por orden expresa de Trump. El objetivo principal de este acercamiento, manejado como un asunto de «seguridad nacional» e inteligencia, era establecer un canal de comunicación directo para asegurar la estabilidad a corto plazo en Venezuela y garantizar el flujo de recursos energéticos. La agenda también habría incluido la cooperación en inteligencia y la lucha contra el narcotráfico, sugiriendo un enfoque pragmático de la Casa Blanca para evitar un vacío de poder o un caos militar en la región.
Casi en paralelo, en la Casa Blanca, Donald Trump recibía a María Corina Machado. Durante este encuentro, la líder opositora venezolana le obsequió su medalla del Premio Nobel de la Paz, un gesto que Trump calificó como un «gran honor». Machado dedicó la medalla al expresidente estadounidense en «gratitud» por su «extraordinario liderazgo para promover la paz» y por sus acciones en favor de la libertad del pueblo venezolano. Este acto, cargado de simbolismo, buscaba reforzar el respaldo internacional a la causa opositora, aunque se producía en un contexto donde los canales de comunicación más directos y estratégicos se abrían con el sector oficialista venezolano.
