Tras la captura de Nicolás Maduro, el gobierno argentino expresó un fuerte respaldo a la operación estadounidense. La Cancillería argentina emitió un comunicado valorando la acción y solicitando que las autoridades legítimamente elegidas en 2024, incluyendo a Edmundo González Urrutia, asumieran el poder en Venezuela. En este pronunciamiento, se destacó también el liderazgo de María Corina Machado y se reiteró la acusación de que Maduro era el líder del «Cartel de los Soles». Esta postura argentina buscaba un cambio de régimen hacia la oposición democrática.
Sin embargo, la postura de Washington tomó un rumbo inesperado. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desestimó públicamente a María Corina Machado como una figura apta para liderar la transición venezolana. Durante una conferencia de prensa, Trump afirmó que Machado «no tiene el apoyo o el respeto dentro del país» y que, aunque «es una mujer muy agradable, no tiene el respeto». En lugar de apoyar a los candidatos de la oposición, el mandatario estadounidense señaló a la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, como la interlocutora clave para las negociaciones, indicando que ella sería la cabeza visible de la transición.
Posteriormente, Trump fue aún más explícito sobre sus intenciones, pidiendo a Delcy Rodríguez «acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo». Desde el Air Force One, el presidente estadounidense advirtió a Rodríguez que «si no se portan bien, lanzaremos un segundo ataque», y sentenció: «nosotros estamos a cargo». Descartó la celebración de elecciones inmediatas, priorizando «arreglar» el país. Esta directriz de Trump subraya una estrategia de asegurar el control estadounidense sobre los recursos venezolanos a través de la figura de Rodríguez, a pesar de las previas acusaciones de narcotráfico contra el régimen chavista.
