Por primera vez en más de dos décadas, Argentina ha registrado un saldo negativo en su balanza de inversión extranjera directa (IED), marcando un hito preocupante en la economía nacional. Durante los primeros once meses de 2025, el país experimentó una salida de capitales superior a los ingresos, alcanzando un déficit de 1.421 millones de dólares, según datos recientes del Banco Central. Este fenómeno, que no se observaba desde el año 2003, contrasta fuertemente con los promedios positivos de años anteriores.

Este déficit se atribuye principalmente a la retirada de diversas empresas internacionales del mercado argentino. En muchos casos, estas compañías optaron por transferir sus activos a firmas locales, en lugar de mantener sus operaciones o expandir su presencia. Mientras que en 2024 el saldo fue apenas positivo con 89 millones de dólares, y los promedios de años anteriores mostraban cifras significativamente mayores de ingresos, el panorama actual refleja una tendencia de desinversión directa. Algunas filiales, incluso, han optado por cerrar sus plantas y pasar a importar productos que antes fabricaban en el país.

Analistas económicos como Daniel Marx, exsecretario de Finanzas, y Lorenzo Sigaut Gravina, coinciden en que las cifras del Banco Central reflejan movimientos de caja efectivos, mayormente vinculados a estas ventas de compañías extranjeras a capitales nacionales. Ambos expertos señalan que los anuncios de grandes proyectos de inversión, como los asociados al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), son de largo plazo y su concreción, si bien esperada, se materializará de forma gradual a lo largo de varios años, sin impactar aún en estas estadísticas de corto plazo.

A pesar de este déficit en la IED, el sector financiero mostró un dinamismo diferente, con un saldo positivo de 1.354 millones de dólares en inversión financiera extranjera. Además, el país registró importantes ingresos por exportaciones, préstamos financieros y desembolsos de organismos internacionales como el FMI, que contribuyeron a un incremento de las reservas internacionales. Sin embargo, estas entradas se vieron parcialmente compensadas por la compra de dólares para atesoramiento y el déficit en la cuenta de viajes y turismo al exterior.