La difusión de grabaciones comprometedoras, atribuidas al ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, ha desatado una ola de desconfianza y extrema cautela en los círculos más cercanos al gobierno. Este episodio, sumado a las tensiones internas que se perciben entre figuras clave como Karina Milei y Santiago Caputo, ha impulsado a ministros y colaboradores del presidente a adoptar medidas inusuales para proteger sus comunicaciones y evitar futuras filtraciones. El ambiente de recelo es palpable, transformando la dinámica de las interacciones diarias en el poder.
Las precauciones adoptadas por los funcionarios son variadas y revelan la profundidad de la inquietud. Algunos optan por apagar sus teléfonos móviles o mantenerlos alejados de las mesas durante reuniones importantes con colegas, empresarios o periodistas, temiendo ser grabados o que sus dispositivos sean activados de forma remota. Incluso se ha reportado que un miembro del equipo de gobierno utiliza un «locker» específico para depositar los celulares antes de entrar a su oficina. Un dirigente de La Libertad Avanza, cercano a la Secretaría General de la Presidencia, expresó con resignación: «Hay cero código en este espacio. Nunca me ha pasado de hablar con gente de la política y estar preocupado por si me graban».
A pesar de estas medidas individuales, existen protocolos estrictos en encuentros de alto nivel. Durante las reuniones de gabinete en Casa Rosada o en eventos como el asado de fin de año en la residencia de Olivos, los ministros deben dejar sus celulares en cofres o canastos, una tarea supervisada por personal de Ceremonial de Presidencia. El presidente Javier Milei es conocido por su aversión a que trasciendan detalles de estas conversaciones. La desconfianza no solo se limita a grabaciones internas; también existe el temor a hackeos externos y a la manipulación de audios mediante inteligencia artificial. Una fuente calificada advirtió: «Te recortan: por eso tenés que cuidarte. Y luego usan ese corte para hacerte decir cualquier cosa».
Esta atmósfera de vigilancia se extiende a las internas partidarias, donde ya se han registrado acusaciones de grabaciones entre legisladores. Además, la desconfianza se proyecta hacia el accionar de los servicios de inteligencia, a pesar de los recientes cambios en la cúpula de la ex AFI. La situación subraya un ambiente donde la comunicación espontánea ha sido reemplazada por una cautela extrema, redefiniendo las interacciones dentro del círculo de poder.
