Karina Milei, hermana del presidente, se presentó en la sede del PRO para instruir a los candidatos del partido sobre cómo llevar a cabo la campaña electoral. Este encuentro, que los asistentes calificaron de «armonioso», ha sido percibido por muchos como una inusitada toma de control de un partido que ha estado en la arena política durante más de dos décadas.

Lo realmente absurdo de esta situación es que Karina, quien ocupa un cargo en la administración actual, se atreve a enseñar a políticos con 20 años de experiencia en elecciones cómo fiscalizar y organizar una campaña. Los miembros del PRO, muchos de los cuales han competido en múltiples elecciones y han sido parte de la estructura política del país durante años, se encontraron recibiendo consejos sobre un proceso que conocen a la perfección. La idea de que una funcionaria relativamente nueva en el ámbito político se presente como experta en un tema que los veteranos del PRO han manejado durante tanto tiempo resulta, cuando menos, irónica.

La reunión, que tenía como objetivo establecer los términos de la campaña para las elecciones del 7 de septiembre, se tornó en un ejercicio de surrealismo político. Los asistentes, que han sido testigos de la evolución de la política argentina, se vieron en la incómoda posición de recibir instrucciones sobre fiscalización de alguien que, a pesar de su cargo, carece de la misma trayectoria y experiencia que ellos.