El déficit fiscal ha vuelto a ser un tema candente en Argentina, con un saldo negativo de 168 mil millones de pesos en julio, lo que representa un aumento del 41% en comparación con el mismo mes del año anterior. A pesar de que el gobierno de Milei ha celebrado un superávit primario de 1,7 billones de pesos, los intereses de la deuda han devorado esos logros, dejando al Estado en números rojos.

La situación es alarmante, ya que el crecimiento de la deuda ha sido geométrico. Aunque el gobierno promete «emisión cero», la base monetaria ha crecido un 97% en un año, y la deuda flotante ha alcanzado los 3,8 billones de pesos, más del triple que en mayo. Esto plantea serias dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas y la capacidad del gobierno para manejar la situación.

Los intereses de la deuda, que no se contabilizan en el resultado primario, han sido el principal factor detrás de este déficit. En julio, los pagos de intereses netos ascendieron a casi 1,9 billones de pesos, un 247% más que el promedio mensual entre febrero y junio. Esto se debe a los vencimientos de cupones semestrales de títulos públicos, lo que ha generado una carga financiera considerable para el Estado.

A pesar de que los ingresos del sector público han aumentado casi un 40% interanual, el gasto primario también ha crecido, alcanzando los 11,3 billones de pesos. Sin embargo, el aumento en las prestaciones sociales y otros gastos ha superado los ingresos, lo que ha llevado a esta situación de déficit.

En resumen, la combinación de un aumento descontrolado de la deuda y los pagos de intereses ha llevado a que el superávit primario se vea eclipsado por un déficit alarmante. La situación financiera del país es crítica, y se requieren medidas urgentes para evitar una crisis mayor.