El gobierno de Javier Milei enfrenta un escenario complejo tras acumular varias derrotas en el Congreso y mostrar señales de desgaste en su discurso público. En los últimos días, el presidente buscó moderar su tono, reduciendo los insultos y la dureza que caracterizaron sus intervenciones anteriores, en un intento por fortalecer la imagen de su administración de cara a las elecciones. Sin embargo, esta estrategia no ha logrado revertir la percepción de dificultades para consolidar su liderazgo político y avanzar con sus iniciativas legislativas.

La tensión con el Congreso se mantiene alta, con proyectos impulsados por los gobernadores que avanzan en comisiones pese al rechazo del oficialismo, y con la incertidumbre sobre la aprobación de vetos presidenciales clave, como los relacionados con jubilaciones y discapacidad. Milei convocó a una cena con sus principales aliados en Olivos para cerrar filas y preparar la batalla discursiva, buscando sostener un discurso polarizador que, aunque menos agresivo, sigue apuntando a un enfrentamiento con la “clase política” que, según él, busca obstaculizar su gestión.

Pese a estos esfuerzos, la respuesta política a sus anuncios ha sido tibia, con escasos cruces desde la oposición y una reacción pública moderada. El oficialismo también enfrenta dificultades internas para alinear a sus diputados, especialmente en temas sensibles y con fuerte impacto social. En este contexto, la campaña electoral se presenta como un desafío para Milei, quien deberá equilibrar la necesidad de mantener su base y la exigencia de negociar y construir mayorías para evitar nuevas derrotas legislativas.