La Casa Blanca acaba de sacudir el tablero del comercio electrónico mundial. Con un golpe de timón que recuerda las políticas proteccionistas del kirchnerismo argentino, Washington eliminó de un plumazo el régimen de minimis que permitía ingresar paquetes de hasta 800 dólares sin aranceles ni controles aduaneros. La medida, que entra en vigencia en 90 días, obligará a pagar impuestos sobre cada envío proveniente de China, tal como ocurrió en Argentina con las compras por internet durante el cepo cambiario.

El paralelismo resulta innegable. Tal como el gobierno argentino de 2011-2015 que obligaba a los consumidores a pagar el 50% de aranceles sobre compras en el exterior, Estados Unidos ahora impone barreras similares bajo el argumento de proteger la industria local. «Estamos defendiendo al comercio estadounidense frente a competencia desleal», justificó el representante de Comercio Jamieson Greer, utilizando el mismo discurso que años atrás esgrimían los funcionarios kirchneristas para justificar las trabas a las importaciones.

El impacto será devastador para el ecosistema logístico global. Amazon, Shein y Temu ya preparan almacenes en México y Canadá para sortear las nuevas restricciones, mientras que los consumidores estadounidenses enfrentarán aumentos de hasta el 70% en sus compras online. La medida afectará particularmente a los pequeños vendedores chinos que movilizaban 48 millones de paquetes diarios bajo el régimen anterior.