Donald Trump ha puesto en marcha una nueva política arancelaria que impacta a setenta naciones alrededor del mundo. Esta iniciativa, interpretada como una estrategia para reafirmar el liderazgo estadounidense y disciplinar a sus aliados, ha generado diversas reacciones. En este escenario, Argentina se encontró entre los países afectados, aunque la relación cercana entre el presidente Javier Milei y el exmandatario estadounidense habría jugado un papel crucial para mitigar el impacto inicial.
La medida impone gravámenes que oscilan entre el 10 y el 41 por ciento, dependiendo del nivel de tensión o cercanía de cada país con Washington. Para Argentina, la tasa inicial prevista del 15 por ciento fue reducida a un 10 por ciento, un «gesto» que, si bien es menor que el aplicado a otras naciones, no deja de ser una preocupación. Expertos señalan que esta nueva carga arancelaria podría traducirse en un encarecimiento de insumos industriales y una potencial disminución de la liquidez global, factores que complican la ya urgente necesidad del gobierno argentino de acceder a crédito externo.
El abanico de aranceles es amplio: mientras que naciones como Siria enfrentan un 41 por ciento, y potencias asiáticas como India, Taiwán, Vietnam e Indonesia verán impuestos de entre el 19 y el 25 por ciento, otros aliados estratégicos como Reino Unido, Japón y Corea del Sur también fueron incluidos, aunque con tasas más moderadas. La Unión Europea, por su parte, verá sus bienes importados con un piso arancelario del 15 por ciento si actualmente tributan menos. Canadá, en tanto, enfrenta un aumento significativo de entre el 25 y el 35 por ciento, justificado por Estados Unidos en la inacción de Ottawa frente al flujo de fentanilo. Curiosamente, México logró esquivar estos aranceles, alcanzando un acuerdo de pausa de 90 días con la administración Trump. El decreto estadounidense, sin embargo, deja abierta la puerta a exenciones para aquellos países que demuestren avances sustanciales en negociaciones bilaterales.
