El presidente Javier Milei anunció una significativa reducción en las retenciones a la soja, llevándolas del 33% al 26%. El anuncio, realizado durante la inauguración de la Exposición Rural de Palermo, busca mejorar la competitividad del sector agropecuario sin necesidad de una devaluación, y fue justificado por el mandatario con una frase contundente: «Tuvo que venir un ortodoxo a arreglar este quilombo».
La medida, que también incluye reducciones en las retenciones al maíz, girasol, carne aviar y vacuna, y sorgo, llega en un momento clave, en pleno proceso electoral y con el objetivo de enviar una señal clara al campo: el Gobierno está comprometido con la reducción de la carga impositiva para los sectores productivos.
Según fuentes del equipo económico, la baja de retenciones no debe ser analizada desde el punto de vista del impacto fiscal, sino como un impulso a la producción para la próxima campaña, lo que a su vez generará más actividad y un incremento de la recaudación. Sin embargo, analistas como Fernando Marull estiman que el impacto de todas las reducciones de alícuotas anunciadas es de apenas el 0,1% del PBI, una cifra insuficiente para poner en peligro el superávit fiscal.
La decisión de Milei fue bien recibida por el sector agropecuario, que venía reclamando una baja pura y dura de las retenciones, cansado de medidas temporarias y enredadas. Sin embargo, desde la oposición no tardaron en llegar las críticas, con voces como la de Mariano Recalde advirtiendo que se trata de un Gobierno que favorece a «la oligarquía de la Sociedad Rural» en desmedro de «los jubilados y los laburantes».
Más allá de las críticas, el anuncio le sirve a Milei para cambiar el foco del debate económico de las últimas semanas, muy centrado en la política cambiaria y monetaria. Ahora, la atención se centra en el impacto de la medida en el sector agropecuario y en la economía en general.
