Daniela de Oliveira Mota, enfermera de Médicos Sin Fronteras (MSF), describe la devastadora situación en Gaza, donde la hambruna se agrava cada semana. Desde la Ciudad de Gaza, relata a Infobae la dramática realidad que enfrenta en los centros de alimentación terapéutica, atendiendo a cientos de niños y madres desnutridos. La falta de alimentos, agua y suministros básicos es alarmante, y las cifras de desnutrición aumentan constantemente, superando las capacidades de las organizaciones humanitarias.
Antes del conflicto, la desnutrición aguda era prácticamente inexistente en Gaza. Ahora, se ha convertido en una epidemia que afecta incluso a bebés recién nacidos, cuyas madres ya sufren desnutrición durante el embarazo. La enfermera destaca el caso de un bebé de 40 días que llegó a su centro con el abuelo, quien solo podía alimentarlo con agua ante la imposibilidad de conseguir fórmula láctea.
El bloqueo impuesto por Israel ha exacerbado la crisis, impidiendo el ingreso de ayuda humanitaria esencial. A pesar de que los suministros necesarios se encuentran al otro lado de la frontera, la prohibición de entrada persiste, generando frustración e impotencia entre los trabajadores humanitarios. La distribución de ayuda también se ha convertido en un peligro, con incidentes de personas heridas o muertas mientras intentaban acceder a los alimentos.
La falta de combustible y los cortes eléctricos complican aún más la situación, afectando el funcionamiento de los centros médicos. Incluso los trabajadores sanitarios palestinos sufren hambre, viéndose obligados a trabajar sin comer. Ante este panorama desolador, la enfermera De Oliveira Mota clama por la apertura de las fronteras y el acceso humanitario sin restricciones, enfatizando que la hambruna en Gaza es intencional y podría terminar mañana si se permitiera el ingreso de la ayuda necesaria.
