Sebastián Pareja, el armador libertario de las listas en la provincia de Buenos Aires, lanzó una advertencia que roza lo autoritario: «El que cuestiona a los candidatos del Presidente está cuestionando al Presidente». Esta frase, que evoca ecos de regímenes totalitarios, busca acallar las críticas internas sobre la falta de coherencia ideológica y los antecedentes de algunos postulantes de La Libertad Avanza (LLA).
Sin embargo, la realidad contradice el discurso de Pareja. La inclusión de figuras como Pablo Morillo, quien elogió al gobernador Axel Kicillof, o Leila Gianni, ex militante kirchnerista, genera serias dudas sobre la promesa de LLA de luchar contra «la casta» y renovar la política. ¿Cómo se puede defender la «tabula rasa» y al mismo tiempo incorporar a dirigentes con un pasado político tan cuestionable?
La defensa a ultranza de los candidatos presidenciales, sin importar su trayectoria previa, revela una peligrosa concepción del poder y una falta de respeto por la diversidad de opiniones dentro del espacio libertario. ¿Acaso la adhesión incondicional a Javier Milei es el único requisito para integrar las listas de LLA?
La frase de Pareja no solo es autoritaria, sino que también evidencia una profunda contradicción entre el discurso y la práctica de La Libertad Avanza. La promesa de renovación política se diluye ante la incorporación de figuras recicladas y la imposición de un pensamiento único.
