La salud financiera de los argentinos se ve cada vez más comprometida, impactando de lleno en el sector bancario. Datos recientes del Banco Central revelan un aumento preocupante en la morosidad de las tarjetas de crédito y los créditos personales, alcanzando niveles no vistos en décadas. Esta situación, que recuerda a la crisis de los años 90, pone en jaque la narrativa oficial de reactivación económica basada en la expansión del crédito.

Directivos del sector financiero han expresado su inquietud ante este panorama. Miguel White, del Banco Nación, reconoció que el aumento de la morosidad se ha convertido en un tema relevante. Por su parte, Gustavo Manríquez, del Banco Supervielle, señaló que la situación es sorprendente, ya que durante la pandemia no se observó este nivel de incumplimiento. La aparición de cheques rechazados es otro síntoma de esta creciente dificultad para hacer frente a las obligaciones financieras.

El contexto económico actual, marcado por altas tasas de interés y un peso sobrevaluado, dificulta aún más la situación. La tasa nominal anual para préstamos personales ronda el 75%, mientras que la inflación esperada para los próximos 12 meses se sitúa en torno al 20%. Esto implica un costo real de financiamiento muy elevado, lo que podría agravar aún más la situación de los deudores. La caída en las acciones de los principales bancos argentinos, que ya supera el 30% en lo que va del año, refleja el impacto negativo de este escenario en la rentabilidad del sector.

Un directivo de un fondo de inversión advirtió sobre el peligro de un modelo financiado que no se acompaña de una mejora en los ingresos reales. En este sentido, señaló que la falta de un modelo económico claro convierte cualquier deuda en impagable, afectando a personas, empresas y al propio Estado.