La reciente marcha de jubilados en Buenos Aires estuvo marcada por un fuerte despliegue policial, con 2000 efectivos movilizados y un cerco en toda la zona del Congreso, pero, a diferencia de la semana anterior, no se registraron actos de represión. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, optó por evitar la violencia que había caracterizado la protesta anterior, donde la policía actuó de manera brutal, dejando a un fotógrafo gravemente herido y a una mujer mayor con una terrible caída, producto de un empujón de un oficial.

A pesar de la ausencia de represión, la marcha no estuvo exenta de incidentes. Bullrich había planificado un operativo junto a la SIDE para contener cualquier situación de descontrol, y aunque las vallas impidieron que los manifestantes se acercaran al Palacio Legislativo, se reportaron episodios de violencia provocados por infiltrados. Estos infiltrados, que suelen ser utilizados por Bullrich para agitar las marchas, fueron fácilmente identificados por los asistentes a la marcha.

Uno de los infiltrados, Iván Matías Cheang, conocido por haber intervenido en situaciones conflictivas en el pasado, fue reconocido y sacado de la marcha. Este tipo de tácticas ha generado descontento entre los manifestantes, quienes ven en estas acciones un intento de deslegitimar sus protestas. La presencia de estos infiltrados, que se presentan como parte de una «policía voluntaria», ha sido un tema de controversia y desconfianza.

Además, se reportó que un imitador del influencer libertario Fran Fijap fue escoltado para evitar que sufriera agresiones por parte de los asistentes, quienes ya tienen una opinión negativa sobre aquellos que provocan en las marchas. La situación refleja un clima tenso en la política argentina, donde las manifestaciones se ven afectadas por la presencia de infiltrados y la estrategia de control del gobierno.