A pesar de un inicio de año complicado para la deuda argentina, los inversores aún encuentran valor en los bonos del país. Durante el primer bimestre de 2025, los bonos argentinos han experimentado caídas significativas, entre un 10% y un 15%, lo que ha llevado al riesgo país a alcanzar los 750 puntos básicos. Sin embargo, muchos analistas consideran que estos precios representan una oportunidad de compra, lo que se traduce en un atractivo punto de entrada para nuevos inversores.

El descenso en las cotizaciones comenzó tras el pago del cupón de intereses de enero, que se esperaba impulsara el mercado. En cambio, muchos inversores optaron por realizar tomas de ganancias, lo que provocó una caída en los precios de los bonos que habían superado los 70 dólares a principios de año, regresando a niveles promedio de 65 dólares. Desde el Grupo SBS, se aconseja no vender bonos dolarizados en este contexto y sugiere que los nuevos compradores consideren títulos de duración intermedia, como los Globales 2035 y 2038, así como los Bopreales, que ofrecen rendimientos superiores al 11% en dólares.

El futuro de los bonos argentinos podría ser más prometedor si el riesgo país disminuye a niveles entre 500 y 600 puntos. Esto podría resultar en una apreciación de más del 15% en los precios de los bonos, pero para que esto ocurra, se requiere un entorno internacional más estable y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, la incertidumbre en Wall Street, exacerbada por la reciente guerra comercial y el aumento de aranceles por parte del presidente estadounidense, ha llevado a los inversores a buscar refugio en activos más seguros, lo que ha afectado negativamente a los activos de riesgo, incluidos los bonos argentinos.

Los inversores están atentos a los próximos movimientos que podrían desencadenar un repunte en el mercado. Las expectativas se centran en un acuerdo con el FMI, aunque el equipo económico ha intentado calmar la ansiedad, afirmando que se alcanzará en el primer cuatrimestre del año. Sin embargo, las discusiones sobre el régimen cambiario continúan, y el ministro de Economía defiende la estabilidad actual, a pesar de las demandas del FMI por mayor flexibilidad.