En medio del Tedéum realizado en la Catedral Metropolitana, el arzobispo García Cuerva cuestionó duramente a la dirigencia política por la «falta de termómetro social» y la indiferencia ante la pobreza y el frío que sufren tantos argentinos «por la falta de solidaridad». Si bien sus palabras parecían dirigidas al gobierno de Milei, este respondió con un tono burlón y desafiante.

El presidente, a través de su cuenta de Twitter, hizo gala de un desinterés absoluto por las críticas de la máxima autoridad eclesiástica del país. Lejos de abordar con seriedad las preocupaciones planteadas, Milei se mofó de las declaraciones del arzobispo, afirmando que le había «subido un grado la temperatura de la casa que tienen en Olivos» para que sus perros no pasaran frío.

Este exabrupto del mandatario, que menosprecia los llamados de la Iglesia a la empatía y la acción social, revela una vez más su estilo confrontativo y descalificador hacia cualquier voz crítica. Lejos de procurar un diálogo respetuoso, Milei opta por responder con sarcasmo y desfachatez a los cuestionamientos de la alta jerarquía católica.

Sin duda, este nuevo episodio de desencuentro entre el Gobierno y la Iglesia profundizará las tensiones y polarizará aún más el clima político del país. La falta de tacto y sensibilidad social del presidente parecen llevarlo a chocar sistemáticamente con los sectores más influyentes de la sociedad argentina.