El consumo de carne vacuna en Argentina ha alcanzado un nivel mínimo histórico en 2024, con una proyección de apenas 44,8 kg por habitante, el valor más bajo registrado en al menos 110 años. Esta tendencia decreciente viene acentuándose en las últimas décadas, a medida que los argentinos han ido reemplazando gradualmente el consumo de carne por otras fuentes de proteínas más económicas, como el pollo y el cerdo.

La actual coyuntura recesiva que atraviesa la economía argentina ha profundizado aún más esta caída en la demanda interna de carne, llevando a muchos consumidores a optar por alternativas más accesibles. Esto se ve reflejado en que la participación del consumo interno en la producción total de carne bovina se ubica en niveles mínimos desde al menos 1990, con apenas el 69% de la oferta destinada al mercado local.

Por el lado de la oferta, la reducción del stock ganadero en 1,5 millones de cabezas durante 2023, la mayor caída anual desde 2009, también ha impactado negativamente. Esto se debió al cierre de las exportaciones y a la sequía que afectó la producción ganadera. Como resultado, la faena y producción cárnica en lo que va de 2024 presenta bajas interanuales del orden del 8%.

Hacia adelante, se proyecta que el consumo de carne bovina per cápita en Argentina podría ubicarse incluso por debajo del piso histórico de 46,9 kg registrado en 1920. Esto implicaría una caída de 22 kg por debajo del promedio de los últimos diez años, un 13,3% menos.

En este marco de depresión del mercado interno, la demanda externa ha absorbido una porción creciente de la producción, con un incremento interanual del 10% en los despachos entre enero y mayo. Sin embargo, la retracción del poder adquisitivo local seguirá presionando el consumo doméstico de uno de los productos típicos de la canasta alimentaria argentina.