El dictamen de la controversial Ley Bases logró avanzar en el Congreso, pero con señales de alarma para el oficialismo de cara al decisivo debate en el Senado. Más de la mitad de las firmas fueron en disidencia, anticipando un escenario de alto riesgo por los cambios que podría imponer la oposición.

A pesar de conseguir las rúbricas necesarias, el proyecto enfrentó un masivo rechazo con 17 de 30 firmas en disidencia entre la Ley Bases y el paquete fiscal complementario. Esta pírrica victoria oficialista augura una sesión tensa donde cualquier alianza opositora con los 33 senadores kirchneristas podría «bajar» artículos clave.

Los principales puntos de conflicto giran en torno a las facultades presidenciales, el blanqueo de capitales que beneficiaría a familiares de funcionarios, el fin de la moratoria jubilatoria y la privatización de empresas públicas como Aerolíneas Argentinas. Los senadores «del medio» serán claves para destrabar o complejizar el trámite.

El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, buscará convencerlos para evitar modificaciones que requieran los dos tercios de los votos y aten las manos del oficialismo en Diputados. Sin embargo, tampoco se descarta que el kirchnerismo juegue a favor de algunos cambios si logra los apoyos necesarios.

La administración de Milei obtuvo un triunfo parcial, pero debe enfrentar ahora la dura prueba de negociar cada artículo en un Senado dividido. Las próximas dos semanas serán clave para destrabar el camino o precipitar un nuevo choque que deje la ley en el aire.