Con la partida de Nora Cortiñas a los 94 años, Argentina pierde a una de las figuras más emblemáticas en la lucha por los derechos humanos y contra la última dictadura militar (1976-1983). La cofundadora de la asociación Madres de Plaza de Mayo falleció sin conocer el destino de su hijo desaparecido Carlos Gustavo, detenido en 1977 a los 24 años.
«Ustedes nos ven sonreír, vamos a las movilizaciones con la alegría de la lucha, pero extrañamos a nuestros hijos todos los días», expresaba con dolor esta incansable activista, que dedicó más de cuatro décadas a marchar los jueves alrededor de la Pirámide de Mayo exigiendo verdad y justicia.
Nacida en 1930, Cortiñas se convirtió en un símbolo mundial por su tenacidad y valentía al enfrentar a la cúpula militar que segó miles de vidas. Exigió sin descanso la apertura de archivos sobre la represión ilegal, petición que jamás fue respondida.
Además de su reclamo principal, esta psicóloga social extendió su solidaridad a las más diversas causas sociales en todo el país. «La lucha primero es por la desaparición de un hijo…pero empezamos a entender que la reivindicación era lo que lograría justicia», explicaba.
Su impronta quedó plasmada incluso en el deporte, inspirando al club de fútbol femenino Norita FC. «Se fue un símbolo incansable de la lucha por los derechos humanos», lamentó el expresidente Alberto Fernández, entre los numerosos homenajes.
Si bien nunca supo qué pasó con Gustavo, esta menuda mujer de gran energía forjó un legado que trasciende fronteras y seguirá inspirando la búsqueda de verdad y reparación en Argentina y el mundo.
