Milei aceptó la renuncia de Nicolás Posse al frente de la Jefatura de Gabinete, poniendo fin a los rumores sobre su salida por «diferencias de criterios» en la conducción del gobierno. Quien asumirá ese rol clave será Guillermo Francos, hasta ahora ministro del Interior.
Las razones detrás del relevo quedaron explicitadas en un duro comunicado oficial: las «expectativas» sobre Posse no se vieron colmadas en los casi seis meses de gestión. Se le achacaron demoras injustificadas, como en el caso del ex ministro Ferraro, aumentos de sueldos poco felices y un pobre desempeño legislativo.
«El Presidente me eligió porque con la política argentina se le hace complicado, no la entiende», arrojó Francos una pista sobre su nueva misión: aportar el «volumen político» que Milei reclama en las tratativas con la oposición para aprobar leyes claves como la Ley Bases.
En ese sentido, la salida de Posse y el encumbramiento de Francos representan una apuesta fuerte por destrabar el avance de la agenda legislativa oficialista. El propio mandatario lo definió como «uno de los artífices de la gesta» que lo llevó a la Presidencia.
Sin embargo, la reestructuración no alcanza solo a la Jefatura. Francos retendrá el Ministerio del Interior, que quedará a cargo de Lisandro Catalán como Secretaría. Un nuevo frente se abre además con el inminente arribo de Federico Sturzenegger a un área de «desregulación» o «modernización» estatal.
Las piezas se reconfiguran en el círculo íntimo presidencial de cara a los desafíos que se avecinan. Aunque la decisión de remover a Posse se gestaba desde hace semanas, el timing empleado por Milei, antes de viajar a Estados Unidos, deja en claro su urgencia por recomponer su equipo de colaboradores cercanos.
