A cinco meses de haber asumido la presidencia, Javier Milei aún no ha logrado implementar un plan concreto para sustituir la tradicional obra pública realizada por el Estado. Si bien reconoció los déficits de infraestructura del país, no presenta una alternativa viable para suplir el rol estatal en este ámbito.
En un reciente encuentro con empresarios, el mandatario admitió los problemas de infraestructura «blanda» y «dura» que enfrenta la Argentina. «Estamos trabajando en la infraestructura blanda, los contratos y regulaciones, y buscando mecanismos de iniciativa privada para la infraestructura dura», afirmó.
No obstante, hasta el momento no se han presentado proyectos legislativos o normativas que avancen hacia un modelo de financiamiento privado de obras, como prometió Milei durante su campaña al citar el «modelo chileno». Esta situación ha generado preocupación en el sector de la construcción, duramente afectado por la parálisis de la obra pública.
«No hay ningún indicio de que se esté avanzando en ese sentido. El Gobierno ni siquiera armó un seminario para debatir los modelos», expresó un empresario del rubro, cuestionando la falta de acciones concretas.
Expertos y referentes de la construcción han señalado que, si bien Chile incorpora capital privado en algunas obras, el 85% de la inversión en infraestructura corre por cuenta estatal. Asimismo, destacan que el país trasandino invierte el 4,1% de su PBI en obras públicas, muy por encima de la inversión en Argentina.
En resumen, Milei enfrenta dificultades para implementar su promesa de reemplazar la obra pública estatal por un sistema de iniciativa privada, generando incertidumbre en un sector clave para la economía nacional.
