En medio de arduas negociaciones, el Gobierno nacional se enfrenta al desafío de definir hasta dónde estará dispuesto a ceder para obtener los dictámenes que permitan el tratamiento parlamentario de la Ley de Bases y el paquete fiscal impositivo. Un núcleo opositor dialoguista liderado por Juan Carlos Romero planea presentar un pliego de modificaciones sustanciales este fin de semana.
Tras la reaparición de la vicepresidenta Villarruel en las conversaciones, las comisiones del Senado retomaron el análisis de estas iniciativas prioritarias para el Ejecutivo. No obstante, los legisladores de la disidencia peronista vislumbran una oportunidad propicia para introducir cambios de envergadura.
«Antes de llegar al recinto necesitamos los dictámenes de tres comisiones clave. Allí radican varios senadores ‘dialoguistas’ con visiones y egos distintos», explicó una fuente oficialista. Esta tesitura obliga al oficialismo a replantearse cuánto estaría dispuesto a ceder en temas espinosos como el régimen de inversiones, el blanqueo, facultades delegadas y privatizaciones, entre otros.
La estrategia opositora parece apuntar a obtener un texto lo suficientemente maleable que logre los despachos necesarios para ser tratado en el recinto. «La idea es salvar la discusión en el Senado y dejar la última decisión en manos de Diputados», reveló un interlocutor.
No obstante, este camino no está exento de obstáculos. Cada cesión del oficialismo podría generar rispideces que pongan en riesgo los respaldos a los dictámenes. «Cuando el Gobierno retoque un artículo, surgirán quejas. Una verdadera trampa», advirtió un senador oficialista.
Más allá de los desafíos, ambas partes son conscientes de la necesidad de sellar acuerdos. «El oficialismo precisa los votos dialoguistas, pero tampoco puede ignorar a toda esa bancada», señaló un parlamentario.
Una vez superado ese escollo, las mayores complicaciones podrían emerger en el recinto, donde algunos senadores podrían abstenerse en ciertos artículos, obligando a maniobras de última hora para reunir los respaldos.
En definitiva, el Ejecutivo deberá hilar fino para satisfacer las exigencias opositoras sin desnaturalizar por completo sus propias banderas legislativas. Una tarea de equilibrista que pondrá a prueba su cintura política.
