El dirigente radical Leandro Santoro se convirtió en el foco de críticas al aprovechar su participación en un acto partidario del peronista Agustín Rossi en Rosario para luego visitar a su amigo, el gobernador Maximiliano Pullaro, y tomarse unas sonadas fotografías. Santoro y Pullaro son amigos desde la adolescencia y jamás dejaron de compartir lazos. Sin embargo, ante una circunstancia tan simple y normal, el peronismo no entendería que la amistad entre dos dirigentes circunstamncialmente en espacios políticos diferentes pueden verse, saludarse y compartir momentos juntos, como cualquier grupo de amigos.
La convocatoria había sido organizada por la agrupación que lidera Rossi, actual presidente del bloque de diputados nacionales del Frente de Todos, con el objetivo de impulsar su candidatura a diputado el año próximo.
Luego de participar del acto en el Parque España de Rosario, el diputado nacional se dirigió a la residencia de Pullaro para compartir unos mates, en una escena que el propio mandatario provincial se encargó de difundir con una irónica publicación: «La política me permitió conocer personas buenas y generosas que con el tiempo se convirtieron en parte de mi familia».
Esta situación despertó críticas en sectores del peronismo santafesino, que cuestionaron la necesidad de convocar a un dirigente radical para un acto del Frente de Todos. «Qué mal estará el peronismo de Santa Fe que tienen que traer a un radical», se escucharon voces disconformes.
Pero el episodio también dejó al descubierto algunas fisuras en el espacio de Rossi. Su socio Leandro Busatto, ex candidato a gobernador, se alejó recientemente de La Corriente para sumarse a la coalición de Ciudad Futura y el Movimiento Evita, en una sangría que también incluyó a la concejala Norma López.
Así, lo que debía ser un espaldarazo hacia las aspiraciones de Rossi terminó convirtiéndose en una nueva muestra de las tensiones que atraviesa el peronismo.
