Trump fortaleció su candidatura en las primarias del Partido Republicano con una importante victoria en el estado de New Hampshire. Esta victoria lo posiciona como un fuerte contendiente en la carrera presidencial, ya que históricamente los republicanos que han ganado en este estado han sido nominados posteriormente como candidatos del partido. Además, la victoria de Trump en New Hampshire es aún más significativa, ya que su porcentaje de votos supera el obtenido en las elecciones de 2016. Por su parte, Nikki Haley, su única rival restante, muestra esperanza a pesar de su derrota, ya que la diferencia fue menor a la proyectada por las encuestas.
Aunque Trump logró una victoria contundente, se mostró molesto y se burló del discurso victorioso de Haley. El ex presidente desea que Haley se retire de la contienda, al igual que lo hicieron sus otros rivales, para poder centrarse en la lucha contra el presidente Joe Biden. Sin embargo, a pesar de su derrota, existen datos que ilusionan a Haley. La diferencia de votos en New Hampshire fue más estrecha de lo proyectado por las encuestas, lo que indica que su proyección de ir de menos a más podría ser válida. Además, entre los votantes no afiliados a ningún partido, Haley obtuvo una amplia mayoría, lo que le permite centrar su campaña en captar el voto anti Trump.
Haley, ex embajadora de Estados Unidos ante la ONU, reconoció su derrota en New Hampshire pero dejó claro que continuará en la carrera presidencial. En su discurso, enfatizó que aún quedan muchas elecciones por delante y que su objetivo es frenar el «caos» que genera Trump. Criticó la negatividad y la falta de logros del partido republicano en el Congreso y destacó su disposición a luchar por el futuro del país. Por su parte, Trump no dudó en responder a Haley, señalando que ella no puede considerarse una ganadora y recordando que en las primarias de Iowa quedó en tercer lugar.
