La aerolínea estatal boliviana Boliviana de Aviación (BoA) se ha visto envuelta en un escándalo después de que se descubrieran 478 kilogramos de cocaína a bordo de uno de sus aviones con destino a España. Las confusas explicaciones y diferentes versiones de los hechos por parte del gobierno amenazan con socavar aún más su legitimidad y credibilidad.

La oposición acusa al gobierno de los partidos políticos Movimiento al Socialismo (MAS) y de su líder, el presidente Luis Arce, de permitir que el narcotráfico controle la aerolínea estatal. Incluso figuras dentro del propio MAS critican la elección de Arce como candidato en 2020 y su gestión.

Evo Morales, mentor de Arce, afirma que el gobierno está controlado por el narcotráfico y niega que el MAS esté en el gobierno, mientras el ex ministro Carlos Romero asegura que ahora están a cargo del país funcionarios “de tercera”.

Mientras tanto, las fuerzas de seguridad venezolanas parecen estar reforzando su presencia militar en Bolivia, lo que intensifica las tensiones con los sectores opositores de Santa Cruz.

El episodio de la cocaína encontrada en BoA es devastador para la imagen del gobierno. Funcionarios de la empresa están bajo investigación por supuestos vínculos con el narcotráfico. Y el chivo expiatorio inicial del conductor del vehículo de carga parece más una señal de confusión que de una investigación seria.

Las explicaciones contradictorias y la falta de una condena clara y contundente por parte del gobierno sobre este asunto sólo sirven para alimentar los rumores de connivencia oficial con el narcotráfico y el crimen organizado.

Si Luis Arce y el MAS quieren sobrevivir políticamente más allá de 2025, tendrán que aclarar estos temas de manera transparente y efectiva, restaurando la confianza pública y recuperando el control sobre las instituciones estatales. De lo contrario, este escándalo podría desencadenar su caída más rápido de lo que piensan.