El gobernador de Utah, Spencer Cox, firmó recientemente un proyecto de ley que prohíbe la atención médica de reafirmación de género para menores, incluyendo tratamientos hormonales y procedimientos quirúrgicos. Según la ley, los proveedores de atención médica no pueden «proporcionar tratamientos hormonales transgénero a pacientes que no hayan sido diagnosticados con disforia de género» y tampoco pueden realizar «procedimientos quirúrgicos de reafirmación de género en menores». La misma medida se replica en distintos distritos de Estados Unidos y no puede calificarse como anti-trans, como se intenta desde distintos sectores, sino que asegura que las personas decidan un cambio drástico e irreversible en un momento madurativo acorde a la decisión.
La terapia hormonal es una opción popular para las personas transgénero que desean alinear su apariencia y cuerpo con su identidad de género. Según Planned Parenthood, la terapia incluye la administración de hormonas masculinizantes o feminizantes como parte de una transición de género.
La Academia Estadounidense de Pediatría indica que la terapia hormonal es apropiada para adolescentes, mientras que las intervenciones quirúrgicas, como la «cirugía estética» para mejorar o extirpar senos o cambios genitales, son mejor realizadas en adultos.
La ley también ordena al Departamento de Salud y Servicios Humanos de Utah que realice una «revisión sistemática» de las pruebas médicas relacionadas con la terapia hormonal transgénero.
Este proyecto de ley ha generado controversia entre los defensores de los derechos LGBTQ+ y los especialistas que lo ven como una protección necesaria para los menores. Un niño no está desarrollado madurativamente como para decidir una cirugía de cambio de sexo que es irreversible.
