La CNEA les enseñará a los recicladores de Bariloche a arreglar las máquinas de su planta

La Asociación de Recicladores de Bariloche (ARB) firmó un convenio con la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) para recibir asistencia técnica y capacitación sobre la maquinaria para mejorar la operatividad de la planta, algo que se hará de manera institucional y no «como un favor» ya que «son ellos los que nos ayudan a nosotros», dijeron desde la CNEA.

La iniciativa será implementada por el equipo de ingeniería de la gerencia de Investigación Aplicada del Centro Atómico Bariloche y está prevista, en una primera etapa, para los próximos seis meses.

«Que hoy nos quede chica la planta habla de que algo está pasando. Nunca en mi vida vi tanto material acumulado», señaló Gladys Pichiñanco, presidenta de la ARB.

Desde el balcón de la planta, ubicada dentro del vertedero municipal de Bariloche, se ve la cinta transportadora con las acopiadoras de plásticos, dos prensas, la picadora y los fardos de latas, listas para que se las lleve el camión.

Cada semana llegan a la planta los residuos secos de Dina Huapi y de los centros de acopio, los fijos y los itinerantes, ubicados en distintos barrios de la localidad de Bariloche.

«Hay que entender que la responsabilidad con la basura no termina en una bolsa que se saca a la vereda. Tenemos que saber a dónde va la basura que generamos, si queda en el camino, si se recicla, si se entierra o qué pasó», remarcó Pichiñanco.

Y advirtió que «en los basurales a cielo abierto, cuando llueve, se hacen ríos de líquido lixiviado que salen del manto y van directo a los barrios. Es contaminación pura».

El líquido lixiviado es el que se forma a través de la disolución de los compuestos que contiene la basura, o bien cuando entra en contacto con el agua.

Desde hace tres meses algo cambió para las 70 personas que trabajan en la planta de reciclaje: como reciben tanto material seco, ya no tienen que entrar al manto, donde los camiones de basura tiran las bolsas de los residuos mezclados -secos, orgánicos, reciclables y no reciclables- que recolectan por la ciudad.

«Cuando llegué acá estaba con mi hija de cuatro años y juntábamos lo que podíamos. Sabía que se podía entrar pero con cuidado porque había una empresa privada que te sacaba, a los tiros si era la noche o muy temprano. Durante el día a veces nos dejaban pasar. Había otras personas con sus hijos. Por muchos años comimos de acá, nos vestimos de acá, y ya en el 2001 no pudieron mantener el cerco porque la necesidad era demasiada, había muchísima gente en el vertedero», relató Pichiñanco, que forma parte de la ARB desde sus inicios.

Dentro del plan de capacitaciones que la CNEA propuso a la ARB, la idea principal es que el propio equipo de recicladores pueda hacer el mantenimiento de las máquinas y tener los conocimientos para enfrentar los desperfectos técnicos que se presentan en el día a día.

En el taller, a cargo de Carlos Talauer, se dedican a desarrollar y preparar la maquinaria que demandan los y las investigadoras de la CNEA.

«Notamos que nos convocaban cuando los equipos ya estaban rotos. Buscamos que ahora puedan prever y hacer mantenimiento programado para que no lleguen al punto de tener que cortar la operatividad de la planta», agregó el ingeniero.