Desde todos los rincones de la selva surgen voces que revelan que la enfermedad se propagó a toda velocidad en territorio amazónico. La situación del cantón Shuar y Achuar más poblado, Taisha, preocupa a las autoridades. Mientras los datos oficiales dicen que hay 3 casos en Macuma, y 4 comunidades afectadas en todo el cantón, la comunidad Kuamar no entra en esa lista ni con los 40 enfermos con que cuenta, encabezando su presidente comunitario que, desde el lecho de enfermedad, denuncia la falta de información real sobre lo que está pasando. El presidente de la NAE, Nacionalidad Achuar del Ecuador, Yyunkar, detectó 11 casos con pruebas rápidas gestionadas por la organización, ante las dificultades del sistema de salud en atenderlos. Una semana después anunció la situación de sus 38 comunidades Achuar (en Pastaza y Morona), reportando más de 1.000 casos de enfermedad en su población. Y así en las comunidades Shuar de Sevilla Don Bosco, cantón Santiago, Tiwintza, Limón, Gualaquiza, Aguarico… por todo el sur amazónico viene el reporte de las comunidades enfermas.

Frente a la confusión acerca de la medicina que se debe usar ante una pandemia inesperada, las autoridades Shuar y Achuar de los gobiernos locales, las organizaciones y las comunidades, empiezan a recoger las experiencias de autosanación de las familias, fortaleciendo los saberes medicinales de la cultura Shuar, intercambiando plantas sanadoras entre las comunidades, organizando talleres de elaboración de medicina natural. Jengibre, cúrcuma, ajo de monte, limones, naranjas, y mucho más, toda la potencia de la naturaleza amazónica se juega para defender a sus habitantes. Pero en la desesperación, unos han sido abandonados por miedo y otros hacen cocteles con medicina química, la gente experimenta y trata de sanarse como puede. Otros mueren, como un anciano de la Federación Shuar de Pastaza, cuyo cuerpo desaparecido ahora es reclamado por su Presidente, en obediencia al mandato comunitario de no abandonar a sus muertos.

La prohibición que hiciera el gobernador de la provincia de Morona Santiago a la medicina natural en el contexto de la pandemia, no es obedecida por supuesto; igual que no funcionó el cierre de las comunidades a los externos, porque fueron las mismas autoridades y funcionarios los que llevaron el virus a la selva: jefes políticos y juntas parroquiales, que repartían alimentos de casa en casa aprovechando cualquier recurso para su carrera política sin responsabilidad en las medidas de bioseguridad, los médicos y militares costeños con sus idas y retornos de turno, las exportadoras que no querían perder sus siembras y las empresas extractivas que siguieron sus actividades a pesar de la oposición de los dueños del territorio indígena.

El gobernador de la provincia de Morona Santiago públicamente trató de mentirosas a las autoridades indígenas que denunciaron los primeros casos sospechosos y los silenció. Esta semana visitó la Cordillera del Cóndor junto con la empresa minera Lowell y el ejército a repartir alimentos y medicina ajena al contexto, aprovechando la emergencia sanitaria para seguir posicionando la minería a gran escala, desconociendo la oposición de las organizaciones y el permiso de las autoridades indígenas para entrar. La CONAIE y la CONFENIAE denuncian y hacen todo lo que pueden, pero ahora ya nada será suficiente. El mayor riesgo: perder a los mayores, los ancianos, que tanto soñaron los actuales indígenas rescatar, como sus bibliotecas culturales vivientes.

Fuente: Pressenza